¿Qué se necesita para ser poeta?

No deben exhibir a nadie ni hacer pública su vida privada; pero deben escribir con dignidad los temas que abordarán

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LOCA ACADEMIA DE POETAS

por Luis Antonio González Silva

Twitter & Instagram: @tonemorisato

¿Qué se necesita para ser poeta? Son de las preguntas que siempre me llegan en conversaciones al instante de revelar mi oficio, pues, sencillo, tener poesía y estar comprometidos con la sociedad, y esto no va sólo para los poetas, va en general para todo artista. Pero esto no es a lo que venimos, bueno, parte de ello…

 

Son muy contados los casos de escuelas que enseñen poesía de manera concreta, no existe una academia tal cual, pero sí existen cursos o talleres que brindan esta oportunidad, sea de manera virtual en sesiones privadas o webinarios, aunque lo mejor (creo yo) es lo presencial.

 

Aquí es donde se desborda el agua, porque en algunos cursos donde tuve oportunidad de confrontar a los profesores o tener acceso mediante ellos sobre su material didáctico, carta temática; les cuestionaba en la forma en cómo enseñaban; no dudo de su capacidad de otorgar los temas a los alumnos, tampoco niego que sean malos para expresarse en las sesiones, lo que llego a cuestionar es en el momento de los productos, mejor conocidos, como los resultados en los textos de los asistentes.

 

La forma en cómo imparto las clases de escritura son básicas, no enseño a escribir… enseño a pensar. Lo importante hacer pensar a los alumnos, deconstruir la imagen que se tiene de autoridad hacia un profesor, sin importar las credenciales o premios que haya ganado en su vida; es necesario que se profundice en cada sesión sobre los temas y permitirles la exploración escrita a los alumnos, provocarles despierten a su crítico interior, permitir agudizar al autocritico de clóset, y obviamente, sacarlo de ahí.

 

Para enseñar escritura se deben entregar los recursos y herramientas necesarias para cada texto, además de los consejos que uno ha tenido en su día a día, consejos de otros escritores, y está por demás decirles que deben leer, pero sí comenzar a degustar (por así decirlo) los textos de otros autores, además de criticarlos, no por los temas o por el nombre del escritor; aunque el autor sea muy pop o escriba paraliteratura, o sea de best-sellers, se les puede aprender algo, claro, para eso el profesor debe adentrarse en los temas a revelar en las sesiones para ese sentimiento critico en sus asistentes.

 

Como profesor, también se debe tener la facultad de saber las fortalezas y las debilidades de cada alumno, saber cómo funcionan los textos en lo individual y fomentar nuevos caminos a explorar, también de abordar temas que tal vez no sean su fuerte, pero mostrarles sin presionar; comprender que no existen respuestas correctas sino respuestas a debatir y compartir entre todos para construir, a una suerte de mesa redonda, las dudas e iniciativas.

 

En la escritura es importante la confianza individual y en colectivo, permitiendo que los alumnos vayan descubriendo poco a poco, a buen ritmo, las herramientas que tienen en sus manos… sin olvidar reiterar el respeto a su lector; está bien que se escriba para expresarse pero los textos deben hacerse con suma responsabilidad, ya que algunos escritores se lavan las manos con la bandera de “sólo me estoy expresando…” y no se vale, si arrojas una piedra al estanque debes estar ahí, al menos, al pendiente de las ondas que ésta genere.

 

Al momento de revisar los textos generados por los alumnos, no, y lo diré con mayúsculas, NO SE DEBE corregir con las palabras que el profesor usaría; lo recomendable es abordar el tema que el alumno escribió, fomentarle una bibliografía, aconsejarlos con diferentes opciones y permitirle tener la confianza para elegir si modifica o no su texto; con esto, añado que se debe enseñar a defender sus textos, no con retórica, con el mismo texto; es decir, si el alumno quiere expresar su inconformidad con un tema social, pues ayudar a que llegue a un resultado digno de esa idea motora…

 

Lo que propongo en las sesiones que imparto es que los alumnos escriban sus textos y firmen con seudónimos para que en el juego del azar, los otros lean, se critique, se deben observaciones, sin exponer directamente… lo que genera más deserción en la escritura es la falta de confianza, y un profesor también debe cultivarla en sus alumnos. Tampoco se trata de corregirles todo, decirles, por ejemplo, “cambia está palabra por ésta otra” o “yo lo haría así”, “yo le quitaría esto…” o crear ejercicios acotados, tales como “saquen de la urna un papelito y escriban de lo que les tocó…” como calentamiento o como ejercicios primarios para despertar la escritura, bueno, están bien, pero para ello tenemos el binomio de Rodari. Es necesario dejar de enseñar escritura como se enseña en un aula de primaria o secundaria, es necesario que se demuestre que el profesor es un creador mostrándoles a los demás a crear; poner ejercicios que son (en mi opinión) callejones sin salida, no conseguirán que la semilla de la literatura gemine.

 

En mis sesiones les comento sobre literatura, sobre los errores comunes al escribir; los elementos que tienes lo textos y es por ello que nombro mis temas como “Arquitectura de poemas…” por ejemplo; también les comento sobre qué hacer después de escribir un texto, cómo publicarlo, cómo generar la autopublicación, cómo editarse; añadiendo formas de estudio y concentración, abarcando un amplio espectro de senderos y elementos para escribir. La escritura no sólo es leer, también es experimentar la curiosidad, confrontar, preguntar, oponerse, crecer.

 

Se me ha cuestionado por mi forma de impartir estas sesiones pero los resultados hablan por sí mismos, ya que intento día a día no sofocar al alumno con mis textos o mi estilo de escritura; permito me critiquen, les demuestro en sesiones la manera en cómo escribo y cómo abordo los temas sin imponerles que eso es lo correcto, ya les argumento el motivo de cómo he llegado a ello, a ese estilo para expresarles que existen varias formas de tomar un estilo propio, de no temer a la crítica y darles seguimiento en sesiones directas y privadas (sea chat, llamada o reunión personal en espacio público) para resolver dudas o planear proyectos de escritura.

 

También se les debe enseñar las funciones de un escritor, advertirles con sumo tacto, los pormenores y aciertos de la publicación; la responsabilidad de sus textos y cómo sobrellevar la presentación de sus escritos.

 

Un escritor también debe tener en claro el contexto que lo rodea, brindarles consejos como el hecho de tener sus notas de voz o una pequeña libreta para anotaciones, palabras nuevas, entrevistas, etcétera… y, subrayar que no deben exhibir a nadie ni hacer pública su vida privada; pero deben escribir con dignidad los temas que abordarán, es decir, si escriben de violencia en una ciudad, deben investigar (ya que de eso también se les debe ensañar, a cómo investigar) en periódicos, notas de opinión, explorar (inteligentemente, claro) la situación y conocer, directa o indirectamente los hechos, para lograr un escrito maravilloso, aunque sea un par de párrafos… pero un gran escritor no supone de que escribe, sabe y tiene una noción clara de ello.

 

En pocas o muchas palabras, los cursos y talleres de escritura deben orientar a los alumnos a tener creatividad; no corregirles cómo el profesor cree es lo mejor, corregirles (si usamos esta palabra) con argumento y entregándoles nuevos elementos para explorar, analizar, y en su caso, modificar su texto con autocritica, no porque el profesor “expropis pistolis” así lo dice. Estoy seguro que los profesores tratan de enseñar lo correcto y por ello se valen de estas cosas, digo, no todos lo hacen, pero quienes así llevan sus cursos es porque (creo yo) intentar de orientar rápidamente a sus alumnos al sendero de lo que es correcto… pero en la escritura se deben conocer las reglas, romperlas, ser creativos, permitir florezca su voz literaria, abundar en temas para el crecimiento personal del alumno y acceder a solventar la necesidad de conocimiento del mismo mediante ejemplos, analogías, repentinas, que darán paso a un ejercicio más complejo. En mi caso, los ejercicios avanzados van en tema libre pero haciendo hincapié en el uso de su lenguaje para contener al lector y respetarlo.

 

Si los alumnos terminan escribiendo como lo hace el profesor, no me refiero a la técnica, sino la voz literaria que él tiene… lamentablemente debo señalar que ese profesor fracasó. Se trata de crear creadores, no crear clones o seguidores fieles. Se trata de que piensen y escriban con respeto como también con responsabilidad.

 

Con esto, es una forma sencilla de explicar mi experiencia al dar clases de escritura… si esto está mal, si yo estoy mal en hacer todo esto, bueno, ¡bienvenidos a mi loca academia de poetas!

 

 

 

 

Nada está escrito… ¡se escribe!

 

 

 

Sobre el autor:

 

Luis Antonio González Silva, poeta y escritor, nacido el 21 de junio de 1983 en Tlapa de Comonfort, Guerrero. Actualmente es Director de la revista literaria La Ciudadela de los Escritores; Coordinador General de Plumas Negras Editorial. Es profesor de escritura básica, narrativa y de poesía, actualmente imparte el curso taller de escritura y poesía Cazando Musas en el Museo de la Cultura Maya de la Ciudad de Chetumal.

 

 

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